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Content text TRADICIÓN PRIMORDIAL Y FORMAS TRADICIONALES EN LA OBRA DE RENÉ GUÉNON

1 TRADICIÓN PRIMORDIAL Y FORMAS TRADICIONALES EN LA OBRA DE RENÉ GUÉNON1 Pedro Vela 1.- El concepto de Tradición y sus dimensiones en la obra de René Guénon Con el fin de orientar nuestra ponencia de la manera más correcta posible es necesario empezar por señalar las acepciones principales de algunos términos que René Guénon emplea en su obra con bastante frecuencia, pero que a veces pueden ser motivo de confusión. Así pues, comenzaremos por indicar lo que Guénon entiende por “tradición” y después abordaremos otras concepciones concomitantes con ésta, que nos ayudarán a discernir sus diversas implicaciones. Como es sabido, etimológicamente la palabra “tradición” significa “lo que se transmite” (del latín traditio: transmitir, entregar) y ordinariamente puede aplicarse y, de hecho, se aplica a muchos ámbitos de la vida cotidiana. Ahora bien, Guénon introduce, o más bien habría que decir que recupera un matiz sumamente importante que va a determinar absolutamente el significado trascendental que dicho término tiene y sin el cual perdería gran parte de su interés. En efecto, Guénon resalta con letras de oro que: todo lo que es tradicional puede definirse, de forma general, por la intervención de un elemento “no humano”2 no tener en cuenta el elemento no-humano significa precisamente desconocer lo que constituye la esencia misma de la tradición, aquello sin lo cual nada hay que pueda portar legítimamente este nombre3 [el] carácter "no-humano" que es inherente a toda tradición [...] constituye [su] esencia misma4 . De modo que el contenido esencial de lo que se transmite, su núcleo fundamental, aquello que determina a la tradición y la hace ser lo que es, posee un carácter “no- humano”, esto es, en definitiva, algo cuyo origen es anterior y superior y, por lo tanto, 1 Ponencia presentada en el VI Encuentro anual del Centro de Estudios Espirituales Comparados de Arenas de San Pedro (Ávila, España), Diciembre de 2008, dedicado al tema Tradición: cambio y permanencia. 2 Aperçus sur l’initiation, cap. 3. Éditions Traditionnelles, Paris (varias ediciones). 3 Problemi de la tradizione, [revista] La Vita Italiana, Roma, Noviembre de 1937. 4 Estudios sobre el Hinduismo, cap. XI, Ediciones Vía Directa, Valencia, 2007.
2 trasciende total y absolutamente, a cualquier facultad de orden individual. Es este elemento no-humano o, quizá mejor dicho, supra-humano, precisamente lo que otorga a la tradición su dimensión sagrada, puesto que lo sacro es, etimológicamente hablando, lo “otro”, lo que queda absolutamente fuera y más allá de lo vulgar. De ahí que convenga subrayar también con sumo énfasis que no debe confundirse jamás lo tradicional con lo meramente folclórico o consuetudinario, es decir, que no es en absoluto legítimo, y mucho menos en el contexto de la obra de Guénon, igualar tradición y costumbre, pues el origen de esta última es meramente humano y convencional y puede derivar en lo que se ha dado en llamar, con mejor o peor suerte “tradicionalismo”, mientras que el de la primera es, como acabamos de señalar, sagrado y supra-humano. A este respecto dice Guénon: [los “tradicionalistas” son] aquellos que tienen sólo una especie de tendencia o de aspiración hacia la tradición, sin ningún conocimiento real de ésta; se puede medir por eso toda la distancia que separa el espíritu “tradicionalista” del verdadero espíritu tradicional, que implica esencialmente, por el contrario, un tal conocimiento y que no forma, en cierto modo, más que uno con ese conocimiento mismo. En suma el “tradicionalista” no es y no puede ser más que un simple “buscador”, y por eso está siempre en peligro de extraviarse, puesto que no está en posesión de los principios que son los únicos que le otorgarían una dirección infalible; y ese peligro será naturalmente tanto mayor cuanto que encontrará en su camino, como otras tantas emboscadas, todas esas falsas ideas suscitadas por el poder de la ilusión que tiene un interés capital en impedirle llegar al verdadero fin de su búsqueda (...) En un grado o en otro, todos los empleos abusivos de la palabra “tradición” pueden servir a ese propósito, comenzando por el más vulgar de todos, el que la hace sinónimo de “costumbre” o de “uso”, provocando con ello una confusión de la tradición con las cosas humanamente más bajas y completamente desprovistas de sentido profundo. Hay otras deformaciones más sutiles y, por ello mismo, más peligrosas, pero todas tiene como característica común intentar reducir la idea de tradición al nivel puramente humano, mientras que, por el contrario, no hay y no puede haber nada verdaderamente tradicional que no implique un elemento suprahumano. Ese es, en efecto, el punto esencial, el que constituye en cierto modo la definición misma de tradición y de todo con lo que se vincula a ella; y eso es también, claro está, aquello cuyo reconocimiento debe ser impedido a toda costa para mantener a la mentalidad moderna en sus ilusiones...5 Como es bien sabido, por otra parte, toda tradición sagrada, aún cuando haya debido tener en su origen un carácter oral, puede presentarse por escrito, siendo ambas formas complementarias y no excluyentes entre sí. Por el contrario, la tradición escrita es en realidad subsidiaria de la tradición oral (y no al revés como suele creerse comúnmente) puesto que sin una adecuada hermenéutica espiritual viva es muy difícil, por no decir imposible, llegar a percibir en toda su profundidad los entresijos de la literatura sagrada. 5 Cf. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, cap. XXXI. Ediciones Paidós, Barcelona, 1996.
3 Así pues, la Tradición sagrada en todas sus formas y en todos sus ámbitos de aplicación, como se encarga de señalar exhaustivamente Guénon, o procede de un origen supra-humano e intemporal o no merece en realidad tal nombre, y, por esta misma razón, como vamos a ver a continuación, existe un conocimiento de origen tradicional, e incluso todo un conjunto de “ciencias tradicionales”, cuyo contenido no se limita en absoluto al orden exclusivamente mental o individual sino que se remite siempre en última instancia al completo desvelamiento de la esencia profunda de la Realidad, con todos los grados y niveles de los que ésta es susceptible, que superan ampliamente cualquier posible descripción de carácter analítico. Quizá esta relación que acabamos de señalar entre Tradición y Conocimiento pueda resultar un tanto inesperada para algunos, pero antes bien, en el contexto de la obra guénoniana, no puede entenderse a la una sin el otro y viceversa. En efecto, como Guénon expone muy claramente en estas citas: ...la participación en la tradición [...] no es plenamente efectiva más que en la medida en que implica la comprensión de la doctrina, y ésta consiste antes que nada en el conocimiento metafísico, puesto que es en el orden metafísico puro donde se encuentra el principio del cual deriva todo el resto.6 ...la doctrina puramente metafísica [...] es la parte esencial y fundamental de la tradición, el conocimiento principial del que todo el resto depende por completo y sin el cual nada verdaderamente tradicional, sea en el dominio que sea, podría existir en modo alguno.7 Esto nos lleva de forma ineludible a intentar clarificar otro par de conceptos fundamentales en la obra de Guénon, como son el de “metafísica” y su corolario el de “conocimiento”. Actualmente se ha convertido en un lugar común considerar a la Metafísica como una disciplina que forma parte de la Filosofía o a la Cosmología como una especialidad de las Ciencias Físicas. Es evidente que esta clasificación no es conforme a su concepción tradicional. Baste decir que tanto la filosofía como las ciencias en general se limitan hoy en día, como es sabido, a una investigación de carácter exclusivamente racionalista y empirista que tiene poco o nada que ver con su enfoque primigenio. En efecto, la física antigua, se dedicaba al estudio integral de la Physis, esto es, de la Naturaleza entera y no solamente de su parte corporal, cuantitativa y ponderable; la filosofía, por su lado, era antaño una disciplina simplemente preparatoria de cara a obtener la verdadera Sabiduría, puesto que el philo-sóphos es “el que ama la Sabiduría”, el que la busca, pero no es aún el Sabio que la conoce en toda su integridad, es decir, 6 Estudios sobre el Hinduismo, cap. II. 7 Estudios sobre el Hinduismo, cap. XI.
4 tanto en su aspecto natural como sobrenatural o metafísico, puesto que el verdadero conocimiento y la verdadera ciencia no se limitan solamente a la Physis. De este modo podemos entender con Guénon, aunque sea prácticamente imposible dar de ella una definición precisa, que la Metafísica consiste en el conocimiento de lo sobrenatural, o lo que es lo mismo, en el conocimiento de los principios de orden universal8 . Con el término “sobrenatural” se quiere indicar estrictamente que el dominio de los principios universales queda “por encima y más allá de la naturaleza”, con lo que no cabe referirlo a ninguna clase de “fenómenos”, ya sean éstos “normales” o “paranormales”, ni tampoco a ninguna clase de “poderes extra- sensoriales”. Debe quedar meridianamente claro que el conocimiento metafísico no es en absoluto reducible al campo de los fenómenos o al de la experiencia. Por lo tanto, es un abuso de lenguaje y una concepción errónea hablar de “experiencia espiritual” contraponiéndola al ámbito del “conocimiento”; las “experiencias” y los “fenómenos” sólo pueden darse en el ámbito restringido de las formas, ya sean éstas de orden puramente sensorial o de orden psíquico y mental, los cuales, a su vez, solamente son una parte sumamente restringida de la Naturaleza, luego no tienen nada de metafísico stricto sensu. Por otro lado, aun esta apelación a los “principios metafísicos” puede parecer equívoca, pero en realidad se refiere a los diferentes puntos de vista desde los que se puede considerar al Principio Supremo, siendo el Conocimiento de éste el objetivo último de la Metafísica, lo que remarca, por otro lado, el carácter completamente insuficiente del lenguaje ordinario a la hora de intentar expresar verbalmente su dominio propio. Quizá una cita de Guénon venga a clarificar mejor su pensamiento: Lo que está por encima de la ciencia, en la jerarquía necesaria de los conocimientos, es la metafísica, que es el conocimiento intelectual puro y transcendente, mientras que la ciencia no es, por definición misma, más que el conocimiento racional; la metafísica es esencialmente suprarracional, y es menester que sea eso o que no sea nada en absoluto.9 Esta última precisión demuestra claramente que la concepción tradicional de la metafísica hace imposible incluirla dentro del ámbito de la indagación puramente filosófica, entendida ésta como una elucubración meramente racional. Por lo demás, se observará que, aun basándose fundamentalmente en las doctrinas orientales, como él mismo confiesa sin ambages, en esto Guénon no se aparta un ápice del pensamiento clásico griego del mismísimo Aristóteles. En efecto, se recordará que Aristóteles afirmaba lo siguiente: 8 La metafísica oriental, p. 16 y ss. J.J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 1984. 9 Oriente y Occidente, 1a parte, cap. II. CS Ediciones, Buenos Aires, 1993.

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